jueves, 16 de diciembre de 2010

AGUAMALA


Los niños se disputan
la presa con un palo,
hay quien se atreve a más.

La medusa revuelve
su fútil existencia.
Un cubito de plástico,
fabricado en la China,
es ahora el Atlántico.

No te vaya a picar,
¡tened cuidado!

Ensartan en el palo el aguamala,
como insignia de guerra
que clavan en la orilla.

A plomo cae el sol.
No hay compasión.
Aprenden el escarnio
aquella tarde.
La muerte se celebra
mientras nado.

[Óleo: Playa, Helen Frankenthaler, 1950]

martes, 30 de noviembre de 2010

FAUSTO


Como cualquier lector, yo soy también caprichoso e impulsivo. No sé por qué, hace tres o cuatro años, compré una edición en Siruela titulada Historia del doctor Johann Fausto (1587). Algo debió llamar mi atención entonces. Quizás la portada donde tan acaloradamente dialogan Fausto y Mefistófeles, detalle de una edición holandesa de ese libro popular ("volksbuch"). Y descansó el ejemplar, destinado a fondo de biblioteca, sin siquiera haberse ojeado, varios años en una de esas cajas marrones de las mudanzas, adonde fueron a parar numerosas reliquias y algunas ilusiones.
Por azar, desempolvé el libro editado por Spies hace semanas y disfruté la historia, primer eslabón en la larga cadena de acuñación del mito literario. Fausto vende su alma al diablo por afán de conocimiento. El anhelo de trascendencia frente a la inmanencia limitadora de la existencia humana palpita en cada página, en toda línea. Y lo curioso del caso no es que Fausto venda su alma, sino que haya demonio presuroso que se la compre. No sé yo si Belcebú querría siquiera recibirme, no imagino ya que pueda darse prisa en cerrar una transacción de compra-venta conmigo. Pero mi ser -lo reconozco- es más medieval que renacentista, no tengo remedio. Asumo el fin, acato mi destino y espero a la muerte para la gran danza macabra final, sin rebelarme. Dócil como un perrito faldero. Guau, guau.
Por impulso lector, tras el Fausto de Spies, llegué al de Goethe, pasando por el de Marlowe, para acabar en el de Thomas Mann, donde actualmente resido algunas tardes y noches. A pesar de las diferencias sobre la salvación o condena del personaje, me sigo repitiendo lo mismo: qué alto precio paga el demonio por cosa de tan poco valor como el alma humana. Qué mal compra, pobre diablo.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Apuntes gaditanos

Antes del mundo, esto ya era. Asombro inmenso en la boca del cielo, precipicio sin fin.

Vivo en el istmo y respiro su sal. Iris sabroso. Buscan mis labios qué. Amo un Cuerpo en cada cuerpo amado. El destello fugaz de su sustancia. Lo vivo de la carne. Un roce sigiloso de rodilla. Un escozor de arena a pleno sol.

Antes del mundo esto ya era. Límite o linde. Fauces abiertas. Espuma en la cintura. Muerte y resurrección entre sus calles: es plenitud el esqueje en la maceta y el olor a café de casapuerta.

Ante el mar, con el mar, frente al mar.

[Óleo: Costus, Torres gaditanas, 1972]